¡Resiste!

La Isla de Keiko

Publicado: 2016-06-10

Tiendo a desestimar los chismes políticos a nivel "se sabe que". Por ejemplo muchas veces los taxistas me cuentan rumores que ellos han oído o que alguien que se subió al taxi les contó. Alguna vez me contaron que un pasajero llevaba comunicaciones super secretas del alcalde de Lima para recuperar un dinero que no le quería devolver su cuñado. En otra ocasión un taxista me comentaba que había sido parte del grupo de taxistas que había llevado a modelos de la TV y chicas reality a la casa de cierto congresista que las había contratado, a través de un conocido artista que en realidad es proxeneta,  para una orgía a todo dar y que pudo ver a varios políticos, gente de TV y empresarios. Evidentemente me dio una minuciosa lista de nombres que no mencionaré por obvios motivos. Y otro taxista me contó con lujo de detalles que recogió a la conductora de televisión X con la chica del noticiero Y y que las llevó a una discoteca en Asia y que durante todo el camino se coquearon, tomaron whisky y se besaron. En fin, los taxistas suelen contarnos historias de ese tipo y muchas veces terminar contando cómo terminaron un día teniendo sexo con una turista pasajera. 

Es por eso que, al final del 2015, cuando el taxista comenzó diciendome "yo soy de Puno" para luego contarme que Keiko Fujimori tenía muchas tierras allá y hasta una isla, yo lo escuché muy atentamente mientras por dentro reía mucho ante la fantasía del trasnochador y trasnochado taxista. "Y han construido un montón de cosas en la isla", remató. 

Debido a mi gran sensibilidad al soroche, siempre Puno me ha parecido un lugar obviable. Estoy seguro de que cuando vaya, terminaré trayendo solamente un vago recuerdo del piso y del malestar, como me pasó al intentar trepar el Pastoruri. Es por ello que, cuando regresaron mis amigos europeos de conocer Puno, estuve muy interesado en sus historias. 

Evidentemente el sitio les pareció maravilloso y energético, hablaron tan bien del lugar que hasta me dieron ganas de ir. Entre lo maravillados que estaban de todas las cosas que ahí se veían (trataron de ver en persona a los niños que cruzaban en bateas el lago para ir al colegio pero estaban en vacaciones) me contaron muchas cosas maravillosas que me hicieron sentir un total ignorante de mi propio país. De pronto comentaron que no habían podido ir a la isla de Keiko. Yo me quedé absolutamente intrigado por semejante comentario y me contaron que la señora que los alojó en su casa les contó que hace muchos años no habían hoteles sino que la gente o se hospedaba en las casas o "bajaba" a quedarse en los hostales de "abajo" pero que ahora habían grandes hoteles en las islas mismas y que una de las islas era de Keiko así como un gran terreno un poco más al sur del lago (aprendí que cuando en provincias rurales hablan de un "gran terreno" es realmente algo gigante).  

El resto de la noche me la pasé explicando que lo creía poco probable y que seguramente era una historia para despertar el asombro de los turistas ya que aquí si Keiko Fujimori se compra un carro saltan siete periodistas a preguntar de dónde salió el dinero y cuatro congresistas a explicar que fue en una rifa, por lo que una isla no podría de ninguna manera pasar desapercibida.

Cuan grande sería mi sorpresa al ver en facebook este estado

asdadssa

Esto me llevó a preguntar públicamente y no son pocas las respuestas que he recibido sobre el particular. 

Ahora estoy absolutamente intrigado con el tema. Evidentemente me niego a creer que sea posible semejante cosa como que Keiko tenga una isla (suena a un capítulo de Los Magníficos) pero me parece raro que existan tantos rumores al respecto, incluso entre personas que la apoyan electoralmente ¿será posible? Yo sigo pensando que es un rumor exagerado proveniente de los montos que se dice su familia robó y de alguna visita que ella ha hecho a la zona, pero creo que habría que dar una mirada para ver qué hay detrás. 


Escrito por

daso (Daniel Subauste)

Mulero convertido


Publicado en

El Politicón

Llega un punto donde el absurdo de una nación llega a tal punto, que solamente queda reírse